El contagio sagrado


17,00 € (IVA incluído)

ISBN 978-84-949717-6-1

El contagio sagrado

Historia natural de la superstición

 

Barón de Holbach


Editado en colaboración con el Museo de la Ilustración (MuVIM) de la Diputación de Valencia.

 

Colección Los ilustrados, 21
256 páginas
Traducción de José Javier Rodríguez
Epílogo de Alain Sandrier

 

El contagio sagrado forma parte de las obras del primer período de Holbach, el que va desde sus contribuciones a la Encyclopédie (más de 400 entradas, sobre todo de química) hasta la publicación del Sistema de la naturaleza en 1770. Son libros de virulenta polémica anticristiana, como El cristianismo al descubierto, Teología de bolsillo, Cartas a Eugenia, Historia crítica de Jesucristo o Ensayo sobre los prejuicios, todos ellos publicados en la colección Los ilustrados. Amigo íntimo de Diderot, Holbach vivió de muy cerca la imposibilidad práctica de expresarse abiertamente en Francia pasando por las vías legales y la censura. Su respuesta fue publicar
anónimamente en Holanda. Corriendo mil riesgos, Holbach publicó allí sus libros, escritos con toda libertad, que le hicieron el autor más leído de la literatura clandestina francesa del siglo XVIII, aunque pocos sabían quién era el autor.

 

Paul Heinrich Dietrich (o Paul-Henri Thiry, en su versión francesa), barón de Holbach, nació en 1723 en Edesheim, Palatinado, territorio alemán fronterizo con Francia. Tras la muerte de su madre, su tío Franz, quien a finales del XVII había emigrado a París consiguiendo amasar una gran fortuna y el título de barón, se encargó de su educación. Holbach estudió en la Universidad de Leiden, el centro europeo más avanzado en el estudio de las ciencias de la naturaleza y un foco de pensamiento ilustrado y laico en una Holanda relativamente tolerante. En 1749 volvió a París y se instaló en una gran mansión de la calle Saint-Roch. Holbach colaboró en la Encyclopédie de Diderot y convirtió sus comidas y tertulias en el salón de Madame d’Holbach («la sinagoga») en un gran centro intelectual frecuentado por Diderot, Voltaire, D’Alembert, Rousseau, Buffon y muchos extranjeros de paso por París (David Hume, Benjamin Franklin, Laurence Sterne, etc.). Holbach se convirtió en el gran promotor y difusor de las ideas ateas en la Europa ilustrada. De todos sus libros, el más importante es Sistema de la naturaleza, una de las obras fundamentales del movimiento ilustrado y de la cultura europea, aparecida también en esta colección, la cual en el momento de su publicación provocó una conmoción igualada por pocas obras filosóficas. Holbach falleció en París en 1789, en vísperas de la Revolución.

 

El autor del epílogo, Alain Sandrier, es profesor de literatura francesa en la Universidad de Caen Normandie. Sus investigaciones están centradas sobre todo en el ateísmo durante la época de la Ilustración, los manuscritos filosóficos clandestinos y Voltaire. Ha escrito especialmente para esta edición el epílogo a El contagio sagrado de Holbach, al que ha dedicado un libro (Le Style philosophique du baron d’Holbach, París, Honoré Champion, 2004) y varios artículos.

 

«"Los sacerdotes y los tiranos tienen la misma política y los mismos intereses: unos y otros no necesitan más que súbditos imbéciles y sumisos". Me gusta que @ed_laetoli publique en "Los ilustrados" las obras completas de Holbach. Su Sistema de la naturaleza cambió mi juventud" (Arturo Pérez Reverte, Twitter, 09/01/2020).

 

"Una de mis editoriales de cabecera. Todas sus colecciones son estupendas" (Edu Galán, Twitter, 09/01/202).

 

«El conjunto de la obra de Holbach constituye el programa más vasto posible de una filosofía de la Ilustración digna de tal nombre o, dicho en otros términos, del combate contra las supersticiones religiosas, filosóficas, idealistas, espiritualistas y metafísicas» (Michel Onfray).


«Holbach, el primer filósofo sistémico de la historia» (Mario Bunge).


«La obra de los autores radicales que se reunían en el salón de Holbach ha perdido muy poco de su frescura, su capacidad de sacudir y su poder para inspirar reflexiones constructivas acerca de nuestro propio panorama cultural, científico y político. Estamos todavía ligados a muchas de las cuestiones sobre las que escribieron Diderot, Holbach y sus amigos, y aún no hemos aprendido su lección de que cualquier debate filosófico y moral debe comenzar por los hechos científicos» (Philipp Blom).

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